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Mostrando entradas de junio, 2025

Un Viaje de Amor, Delfines y Vodka en Venezuela

El sol del Oriente venezolano pintaba el cielo de tonos naranjas y rosados mientras Pamela y Veruska preparaban sus mochilas. Hoy era el día. Escapaban del bullicio de la ciudad para adentrarse en la serenidad del Parque Nacional Mochima, un refugio de islas, playas cristalinas y promesas de aventura. Su relación, floreciente y vibrante como la flora tropical, necesitaba este respiro, esta conexión profunda con la naturaleza y, aún más importante, entre ellas. Pam, con su pelo corto y sonrisa traviesa, era la planificadora, la que se encargaba de los detalles, la que se aseguraba de que no faltara el repelente de mosquitos ni la botella de vodka, una tradición que habían adoptado en sus escapadas. Veru, de mirada dulce y voz suave, era la que aportaba la calma, la que se maravillaba con la belleza del mundo que la rodeaba y la que, con un simple abrazo, podía disipar cualquier preocupación. Una vez en el parque, alquilaron un pequeño bote. El agua salpicaba sus rostros mientras se alej...

La Noche que los zombies bailaron

El aire era denso, cargado de risas y el aroma dulce de las cervezas y el ron. Valentina y sus amigas, Sofía y Elena, celebraban como siempre un viernes en el estacionamiento del vicio, como lo llamaban. La música salsa vibraba, invitando a mover las caderas y olvidar las preocupaciones del día a día. Tres mujeres jóvenes, liberadas de ataduras, buscando una noche de pura diversión. Habían comenzado con unas cervezas, pero pronto el ron y la música las habían embriagado, no solo con alcohol, sino con la euforia de la amistad y la despreocupación. Bailaban, cantaban a grito pelado canciones que conocían de memoria y reían a carcajadas que resonaban en el ambiente festivo. El galpon donde siempre se reunian, de paredes de piedra y luces tenues, parecía palpitar al ritmo de la música. Fue en ese preciso instante que Valentina cambió el curso de la noche, al invitar a seguir la fiesta fuera de la Ciudad, hay un pueblo lejano.  Todas se miraron atónitas, pero entre los tragos y la diver...

La Cicatriz Invisible

El silencio era su compañero más fiel. No el silencio apacible de la noche estrellada, sino el silencio denso y pegajoso que se adhería a su piel como una segunda epidermis. Se llamaba Ana, pero a veces sentía que ese nombre no le pertenecía, que era una máscara que ocultaba a una niña rota, perdida en los laberintos de una memoria dolorosa. Cuando era pequeña, en el jardín soleado de su infancia, un depredador le robó la inocencia. Un secreto susurrado al viento, un trauma que la marcó a fuego lento. El abuso, una sombra alargada, la siguió a cada paso, deformando su percepción del mundo y, sobre todo, de sí misma. Creció sintiéndose imperfecta, culpable de algo que nunca había cometido. Las flores de la confianza se marchitaron en su interior, reemplazadas por espinas de inseguridad y miedo. A pesar de su belleza serena y su inteligencia brillante, Ana se saboteaba constantemente. Creía, en el fondo de su alma, que no merecía ser amada. Los hombres se sentían atraídos por su aura de ...