Un Viaje de Amor, Delfines y Vodka en Venezuela
El sol del Oriente venezolano pintaba el cielo de tonos naranjas y rosados mientras Pamela y Veruska preparaban sus mochilas. Hoy era el día. Escapaban del bullicio de la ciudad para adentrarse en la serenidad del Parque Nacional Mochima, un refugio de islas, playas cristalinas y promesas de aventura. Su relación, floreciente y vibrante como la flora tropical, necesitaba este respiro, esta conexión profunda con la naturaleza y, aún más importante, entre ellas. Pam, con su pelo corto y sonrisa traviesa, era la planificadora, la que se encargaba de los detalles, la que se aseguraba de que no faltara el repelente de mosquitos ni la botella de vodka, una tradición que habían adoptado en sus escapadas. Veru, de mirada dulce y voz suave, era la que aportaba la calma, la que se maravillaba con la belleza del mundo que la rodeaba y la que, con un simple abrazo, podía disipar cualquier preocupación. Una vez en el parque, alquilaron un pequeño bote. El agua salpicaba sus rostros mientras se alej...