PETARE
PETARE Definitivamente era una mañana calurosa, Carolina bañaba las calles de Caracas de toda ella. El Sudor recorría sus pechos y mojaba los pocos billetes arrugados, dándole a Bolívar una cara de tristeza e indigencia. Eran las 11:35 y ya estaba en el infierno. Las calles de Petare estaban abarrotados de gente y el sonido era estruendoso, casi comparable con la llegada de un deslave. Motos, gritos de vendedores, alboroto y voces alteradas de los transeuntes, mas el olor nauseabundo de el humo de los carros, la alcantarillas rotas; todo eso aunado a los alaridos latentes de desesperación de su propio interior hacían que Carolina sintiera nauseas. Todos sus sentidos le decían que saliera de allí, pero... estaba definitivamente atrapada. Atrapada, atascada, en su propia vida, en su propio pais, en su propia y compartida cola para comprar comida. Dentro de su propio letargo, sacaba cuentas de cuanto dinero quedaba, y de que cosas podia adquirir. Obviamente una tarea ya repasada una y mil...